Miércoles , 18 de junio del 2003 | Hora: 01 :04  p.m. Instituto Cultural Iberoamericano "Mario Vargas Llosa"
 

El Fusilado
José Musse Torres

En el Madrid moderno confluyen tres obras arquitectónicas que más que conjugar intencionalmente, envían un mensaje por demás universal. En La Plaza España, la Torre Madrid se eleva como símbolo de la modernidad y el desarrollo, al píe de la misma, el monumento al Quijote de la Mancha. No es una obra para homenajear propiamente a Cervantes, quién parece ocupar un papel modesto en la escultura ecuestre. Al sur de la Plaza España hay un monumento, el más emblemático de la ciudad, uno al que nadie se ha molestado por poner nombre ni en reconocer a su autor. Ni siquiera reseñan en los mapas turísticos, bien podría ser Augusto Monterroso su autor, pero no está La Oveja Negra, sino un hombre despedazado con agujeros en su cuerpo, muerto de dolor. A falta de nombre lo he bautizado “El Fusilado” Todos los días lo visito, debo decir que como el relato anónimo “El Fusilado lo dice” el victimado conversa con elegancia, incomoda a la tropa de fusileros y al teniente “De cualquier modo, por favor no me tapen la vista.” Porque para morir hay que saber, para irse, uno se va gallardamente.

Desde los cubanos que fueron pasados por las armas, Lorenzo Copello Castillo, Bárbaro Sevilla García y Jorge Luis Martínez Isaad, secuestradores de una lancha cubana el 11 de abril del 2003, muertos por el terrible crimen de ansiar la libertad no he dejado de pensar en el monumento al Fusilado.

Desde aquellos que han abrazados las más nobles causas sociales, si no han sido perseguidos y vilipendiados no han merecido la gloria, sospechemos de los que son reconocidos y doctorados, solo mantienen el status quo, han perdido la esencia de la provocación intelectual, la erudición canjeada por el conformismo. Las ideas deben inflamar, si no sirven para nada.

Como lo hace Francisco de Goya en “Los Fusilados de la Moncloa” La escena sorprende por su crudeza. Cada personaje representado es único e irrepetible. Taparse los oídos para no escuchar el estruendo del arma, otro prefiere no mirar, otro se sujeta la cabeza para no enloquecer, uno más reprocha a los mismos que lo asesinarán. Solo es el espíritu de la lucha parece decirnos Goya, el anónimo y harapiento héroe de la guerra, el más noble y entregado es el desposeído. Delante de él hay una masa indiferente, como la gente que ve las escultura y sin saberlo, no entiende porque carece de nombre. Quizás la respuesta sea única, no la necesita.

Así España va olvidando la Guerra Civil, pero al parecer entiende, al menos subjetivamente, que sin el sacrificio de la sangre propia, sin el idealismo perseguidor del caballero de la triste figura, sin esa batalla contra los gigantes nunca un pueblo llega a la modernidad ni a la prosperidad económica. Ya lo dice el Capitulo Tercero del Ingenioso Hidalgo: Donde se cuenta la graciosa manera que tuvo Don Quijote en armarse caballero “Dios servido, se harían las debidas ceremonias de manera que él quedase armado caballero, y tan caballero que no pudiese ser más en el mundo. Preguntóle si traía dineros: respondió Don Quijote que no traía blanca, porque él nunca había leído en las historias de los caballeros andantes que ninguno los hubiese traído."

Site del autor: www.josemusse.com

 

 ICIMAVALL © 2002 - 2003 v1.0 desarrollado por media improvement