Patria o muerte
parece que no fue solo la consigna de un régimen revolucionario, hoy es la
consigna de un régimen totalitarista que se desvió de aquella causa –justa y
lógica- que muchos entendieron, compartieron y acompañaron hasta el final.
Aquellos que siguieron el camino revolucionario, un camino que significaba y
prometía un cambio decisivo para el nuevo funcionamiento social y estatal.
Cuando aquella Cuba de los años cincuenta se levantaba en contra de un golpista
y dictador como Batista que evidenciaba el hundimiento del país en la corrupción
y la violencia, surgió una esperanza de transformación política que identificara
a los cubanos oprimidos sin válvula de escape.
Entre la
guerrilla revolucionaria nació la figura de Fidel Castro, un hombre doctorado en
leyes, con grandes dotes de mando y con gran capacidad oratoria. Con ideales
netamente anti-imperialistas asume como propia la obligación de alterar la
estrategia política de su país. Si bien en 1957 la guerrilla castrista logra
cierta entidad no logra impulsar la insurrección. Lanza una huelga general y
fracasa por la indiferencia de la población y la falta de apoyo por parte de los
sindicatos oficialistas y de los comunistas. Pero la apertura de nuevos frentes
guerrilleros por parte de Raúl Castro y Juan Almeida y con el apoyo de las
acciones militares de Camilo Cienfuegos y del Che Guevara se consolida el avance
revolucionario.
Es así que en
1958 comienza el sendero de la revolución civil cubana y que culmina con la
dictadura de Batista – que ya había perdido el apoyo de Washington y desde abril
del 58 no proveía más armamento-El primero de enero de 1959 los seguidores de
Castro toman La Habana. En febrero de 1958 Casto asume como Primer Ministro
hasta que en 1976 asume la Presidencia del Consejo de Estado, absorbiendo en su
persona las jefaturas de estado y de gobierno. Ya por estos tiempos se comienza
a notar el poder castrista que incluye la eliminación de sus rivales más
directos –sospechosos de ser desleales al régimen-.
Luego la
historia no es conocida, una guerra ideológica con carácter político y perfil
anti-imperialismo por un lado y anti-comunismo por el otro. Por el lado de
Estados Unidos el conocido bloqueo económico a tal punto que la Ley Helms-Burton
llega a sancionar a las personas físicas o jurídicas que intente invertir
capital en Cuba, esto afecta a algunos países como España. Como contrapartida
Cuba responde con la Ley de Reafirmación de la Dignidad y Soberanía Cubanas, una
de las leyes que hoy más se aplica en la Isla.
Hoy en un nuevo
siglo pero con ideales arcaicos de otras décadas y con manifestaciones
políticas añejas y de poco entendimiento lógico e interpretativo, los cubanos
están siendo motivo de persecución por la simpleza de pensar distinto a una
corriente que oprime a varias generaciones. Es evidente que luego de 44 años de
un gobierno personalista y sin opciones a un dialogo popular los jóvenes buscan
sentir un giro de 180 grados en sus vidas. Necesitan un cambio para
experimentar nuevas sensaciones, de oportunidades personales y profesionales.
Se busca una libertad hoy, semejante a la libertad que se buscó en los años
cincuenta.
No se puede
concebir que se procesen personas por oposición ideológica. Se tienen que
acabar los presos políticos, si bien al gobierno cubano niega la existencia de
presos políticos es claro que los hay. Con la visita de Carter a Cuba se
estimuló a la opinión pública a comulgar para buscar una variable
constitucional. Carter instó a las autoridades cubanas a instaurar cambios
democráticos y respaldar las libertades de pensamiento político. No puede haber
prohibición oficial de movimientos de oposición y no se puede continuar con una
neta violación hacia los derechos humanos. La legislación de hoy –abril del
2003- limita muy estrictamente la libertad de expresión, de asambleas y de
prensa. Se juzga con penas muy duras a la divulgación de noticias no
autorizadas y se argumenta que, la censura a la libertad de opinión, es con la
excusa de proteger la seguridad del estado. Es muy notorio que eliminando el
discurso de los opositores al régimen, se limita la posibilidad de razonamiento
popular
El procesamiento
de disidentes cubanos con cargos por ir en contra de las normas jurídicas del
estado –opiniones opositoras- no puede ser concebido en esta era. Los acusados
son juzgados según las leyes de Protección de la Independencia Nacional y la
Economía de Cuba (Ley 88) y la Ley de Reafirmación de la Dignidad y la Soberanía
Cubana. A estos juicios no se deja entrar a la prensa internacional, dejando
claramente en evidencia que son netamente imparciales y sin independencia. No
solo se cierran las puertas de estos juicios, las autoridades cubanas siempre
negaron el ingreso a las organizaciones defensoras de los Derechos Humanos a las
cárceles de Cuba. Por otro lado, se niegan los derechos de juicios públicos.
Estos juicios
políticos se vienen sucediendo en un momento donde la atención mundial esta
centrada en otro punto. El día 8 de abril estuve en Buenos Aires por razones de
trabajo, dada mi condición pregunte a varias personas sobre la campaña electoral
que se viene llevando en Argentina por las elecciones presidenciales, todos me
respondieron que se le está prestando poca atención debido a los otros
acontecimientos internacionales. En Uruguay se apresuran a solucionar temas en
estos precisos momentos -el aumento del transporte urbano subió más de 12%, se
habla nuevamente sobre la ley de Caducidad si se debe o no extender a civiles,
etc-. Mi opinión es que, cuando la población esta provista de informes que le
lleven su atención a los acontecimientos mundiales –hechos externos- durante la
mayor parte del día, las noticias y los temas importantes del medio local son
acelerados para que cuando se tome conciencia de lo sucedido ya fuera sellado y
archivado. Por ejemplo, el hombre llegó a la luna en medio de la guerra de
Vietnam. Con esto quiero decir que, lo cotidiano pasa a un segundo plano, tal
es así que éstos hechos relevantes que ocurren hoy en Cuba poco se sabe en
Uruguay o en Argentina, con las personas que consulté sobre este tema carecían
de información o bien no se habían dado por enterados.
No se puede
comprender cómo el régimen del señor Castro todavía sigue pensando que cuenta
con la mayoría de los simpatizantes. Martí no hubiera imaginado una Cuba donde
los integrantes de su pueblo preferirían ser comidos por los tiburones a
quedarse en su tierra, no hubiera tolerado que jóvenes conduciendo un autobús se
estrellaran contra las puertas de una embajada pidiendo a gritos asilo político.
Me parece que es hora de asumir que las cosas no están bien en cuba. ¿Qué
pasará cuando muera Fidel?, tal vez sea el fiel reflejo de la Yugoslavia de
Tito.
Permítame
decirle señor Castro que no comparto en absoluto su política, no es propio de un
doctorado en leyes aplastar y omitir los derechos de otros. Entienda usted que
pocas veces el hombre se destaca por ser Premio Novel de la Paz, contradiciendo
a los buenos actos, el hombre se recuerda mejor por sus malos actos, por la
tiranía, por abusar de los derechos que se le otorgan, por déspota y créame que
usted es un ícono de la tiranía universal, por esto pienso que su Cuba necesita
una metamorfosis política.
Y ahora yo me
permito decirle que desde mi más hondo anonimato, le digo que no apoyo en
absoluto sus ideales, como tampoco los de George W. Bush, ni los de Hussein,
pero sepa que cuando usted visitó mi país en octubre de 1995 yo estuve presente
en el discurso que ofreció en la explanada Municipal de Montevideo, no me sentí
identificado con una sola palabra que usted dijo, pero a diferencia con usted
señor Castro, yo lo escuché muy atentamente porque sé que tiene todo el derecho
de decir lo que piensa.